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La Coctelera

O noso eido

24 Agosto 2006

tungurahua: la erupción

Hoy 22 de agosto, leo esta noticia en el comercio de Ecuador. No me sorprende. Hoy son los sonidos de Bach- armónico, seguro, matemático, exacto- los que suenan en mi entorno. El 14 de julio pasado me acompañaban sonidos soterrados siempre, inmensos, atronadores, acompasados y terroríficos, a veces: Eran las explosiones del Tungurahua, pero yo aún no lo sabía .
Llegué ese día a Baños sobre las 4 de la tarde, con la intención de dirigirme al Puyo, por uno de los caminos mas hermosos de Ecuador, ruta que siempre repito en mis numerosas estadías allá. El sábado había quedado con mis alumnos de postgrado de la FLACSO, en esta ciudad para ayudarles a realizar el trabajo de campo que les facilitaría a obtener su diploma, y en principio en mis planes, se encontraba este “paseo”. Pero anochecía ya a mi llegada-¿qué extraño?-, y consideré que viajando sola, debería buscar alojamiento, y dejar para días posteriores mi visita al Puyo. Así fue. Hecho esto, me dirijo a una de las galerías de arte-alojamiento que existen en Ecuador, país de artistas, país de comerciantes, para elegir uno de ellos. Sorprendida por la calidad de los oleos, acuarelas, collages, en fin, por todo aquello que enriquece después mi casa, a veces colgados en mis paredes, a veces sólo en mis recuerdos, permanecía ausente en este mundo mágico que expresaban estos artistas. Las sensaciones me invadían, cuando oigo una inmensa explosión: ¡Un atentado¡ pensé.
Pero no, no estaba en España, no estaba en Europa, no estaba en la América poblada. Allí sería probable, pero aquí, en medio del paraíso, modesto si, pero limbo vacacional, no. Pero, aún así, pensé que tuve conocimiento del atentado de las Torres gemelas de Nueva York, en Buenos Aires, y tampoco me lo creía cuando me confirmaban por teléfono lo que estaba viendo por el televisor.....en vacaciones todo se convierte en virtual, hasta la misma realidad.
La señorita que me atendía, discretamente desaparece. Vuelve:
- 600 dólares, último precio.
Era una acuarela preciosa. No te precipites, aún vas a estar unos días.¡No a la compra compulsiva!, me recordó mi conciencia.
-me lo voy a pensar. Regresaré. Me gusta
-a la orden, me despide con la peculiar forma de hacerlo que tienen los ecuatorianos
Al salir, el Tungurahua, inmenso, humeante, hermoso, no me dejaba ver su peligro, revestido de blanco, oro y fuego y me esperaba al final de la calle. Suspendido en el cielo, como siempre aparecen estos volcanes que emergen de las nubes, de la luz. Cotopaxi, de anochecida, había sido después de visitar su glaciar en años anteriores, como una aparición del paraíso, representación misma del mitológico Olimpo. Su recuerdo, me descansaba el alma, del fuego de la lucha diaria.
Si, pero las explosiones que escuchaba no eran mito, ni me descansaban el alma, movían la tierra, y disparaban mi adrenalina. ¿sería miedo lo que empezaba a sentir?.
-Calma, sentido común, racionalidad. Al fin y al cabo, sólo me tengo a mí misma, para salir de esta situación, me dije
El Tungurahua, ya me había advertido su peligro, nos había avisado a todos, sin yo saberlo, el martes anterior al visitar Ambato. Su hongo suspendido sobre su cima no presagiaba nada bueno. Pero a mí, al fin, como a sus moradores aledaños, me había acostumbrado con sus bravuconadas. Ya, ni paré mi coche para fotografiarlo. Si, observamos mis acompañantes y yo, que ese día el hongo negruzco, se presentaba feo. Pero así, desde el año 1999, humeante, ya lo había visto más veces. No me emocionó, entonces.
Pero el día 14 de julio iba a ser distinto. Seguí la senda del camino, con su referencia-hermosos Tungurahua- al fondo. Lo fotografié fascinada, pero sin saber muy bien porqué, porque no me sentía turista. Baños ya me era muy familiar. Llegué a la plaza, pasando por el mercado tantas veces visitado. Venia emocionada de Ambato por el inmenso salto adelante que suponía la remodelación de sus mercados y que estaba haciendo de esta provincia referencia modélica para las otras, sobre todo en la consecución de una adecuada y saneada comercialización de sus productos alimenticios, cuando una nueva explosión, me hace dejar de fotografiar. Piropo a mis espaldas. Me vuelvo, me salto la norma. Se impone socializar.
-¿española?.
-Si, como lo sabe?. Sonríe. Es evidente, me dice con la mirada.
-Como lo ve?. El volcán, me refiero. Para entonces yo ya estaba enchufada al transistor, que no me olvido nunca en ninguno de mis viajes. Y eso desde que el Golpe de estado del año 1993, que hizo de mis vacaciones una aventura iniciada en Tashkent. La RAI italiana nos había ofrecido información y consuelo, sin saberlo. Me estaba pareciendo que estaba metida en un lío de la misma envergadura:¿cómo salir?
-Nada, esto no es nada.
-El alcalde, por la radio, critica a las cadenas de televisión, que alarman a la población, y ahuyentan al turista, pero nadie habla de la evacuación. Insisten en la alerta amarilla.
Para entonces las calles ya se habían llenado de un flujo inverso, torrente de gentes con cajas llenas de gente en dirección a la terminal de autobuses.
-Eso esta resuelto, además la santísima virgen del santuario nos cubre con su manto. -Se refiere, claro, a la patrona de Baños, que ha hecho de esta ciudad un destino turístico religioso desde hace una centena. Pero claro, yo no estoy tan segura.
-España nos ayudará, asiente- siempre lo ha hecho.....y continúa con la retahíla esa, que tanto he oído por la América andina, de que si todo el oro que les robamos......en fin, mis antepasados al menos, no, pensaba yo, serían los que se quedaron aquí, y...que seguramente serán los tuyos, ...pero, no era momento de polémica y estaba en campo contrario. La situación se agrava...... Me despido, cortésmente de él, y me voy.
Al locutorio de Andinatel, se impone pedir auxilio. En la estación de autobuses, ya no sale ninguno al Puyo, los que anteriormente había intentado abordar, no admitían más pasajeros, y la vía de Ambato-Quito estaba cortada por la ceniza-y los curiosos- en Pilileo. Y toda la ciudad era ya toda una evacuación.
Son varios los intentos de comunicar con mis alumnos, con los profesores de la FLACSO. Nada. Líneas telefónicas colapsadas. Con mi familia en España, no funciona...y además hay 7 horas de diferencia y ya son las 9h de Ecuador. Allá es madrugada. Empiezo a mandar mensajes...son como una despedida: “Volcán erupción, busco evacuación”......y a la policía.
-No pasa nada, señora, vaya al hotel. Los directores de los hoteles saben que es lo que hay que hacer.
-Pero si comienza a caer lava, nos evacuan ustedes?. No hay transporte público, la vía de Ambato esta cortada...
-si, si,...no se preocupe.
Pero sí, estaba preocupada ya. Voy al hotel, y el director me impide subir a la habitación, a pesar de que ya se había pagado por adelantado. Eso poco importa ahora, pero encima no tengo donde salvarme de las consecuencias de quedar a la intemperie. Las emisiones de gases ya son evidentes...y empiezan a surtir sus efectos en mí ya. Hay alerta roja, dice.
-No, no...el alcalde dice que no, que amarilla, y que no hay que alarmarse, le increpo, ya un poco nerviosa, al ver que se están subiendo al 4x4 pic-up que tienen en la puerta.
-Por eso la policía no inicia la evacuación. Insisto
-Nosotros nos vamos...
-La policía me ha dicho que son ustedes los que organizan la evacuación de los turistas... al menos, me llevará al Puyo si se va....
-no tengo sitio....Y se va. No voy a desperdiciar energías en un enfado.
A comer, me dice el instinto de supervivencia. Ya he pasado por estas. Sin gasolina no anda el coche....-me dije con ironía- y mis patitas van a ser las únicas que me conduzcan a algún lado.
Camino hasta encontrar a restaurante, sin dejar de oír mi inseparable transistor, que ya para entonces solo me arrulla, porque lo que es oír y creer que las consignas de protección civil me van a servir de algo ....”evite los cauces de los ríos...”dicen. Pues no sé como, si la montaña es un volcán, y las vías de acceso y desalojo a Baños son todas paralelas al cauce del río.
Como el menú, no esta la cosa para más lindezas, en el único restaurante que encuentro.
-Sin guatitas, y con mucho ají....pedí,
al menos, que me calienten las entrañas, que la noche es húmeda y fría en la floresta, pensé. Si ha de dolerme algo, que sea el estómago, que ya es un viejo dolor amigo.
La policía, de nuevo.
-Señor....le digo a un agente que se detiene a pesar de que su jefe desde el 4x4 le increpa que hay que evacuar a los animales, que no se detenga. Me reconoce, es el mismo que me dijo que el hotel debía organizar la evacuación,
-Señor..el director se ha ido con su familia, y ha cerrado el hotel- Insisto casi suplicando. Las noches en Ecuador casi son tan largas como los días....
-Vaya a la vía ecológica de evacuación, cerca de la terminal.....
le agradezco su amabilidad. Y también, que aguante la regañina del jefe. Al fin y al cabo los animales son seres vivientes, y yo turista, sólo una mercancía. Los dos les damos de comer, pero con el chancho, o la vaquita, confraternizan, viven juntos y se les coge cariño. Yo sólo les rentúo...¿una semana quizá?
La vía de evacuación ha sido cortada al trafico rodado. ¡Ahora caigo¡. Por eso es ecológica. ¿Subir de noche cerrada, un camino entre la floresta, espinosos los troncos la mayoría de las veces, con congas, y otros insectos o animales venenosos de los que no me sé defender?. Me animan una pareja muy maja de ecuatorianos. Inicio el camino con ellos pese a mis dudas, pero al cabo de un rato, regresamos. Sin linternas, sin calzado adecuado, es impracticable. Nuevo mensaje, casi de despedida a mi familia: “Vía de evacuación cortada”. Mi hermana pequeña me contesta “¡que bien, al regreso nos cuentas la aventura!”. Esta cree que estoy en un parque temático.
Positivar la contrariedad, me digo. Es mi lema. A fotografiar el volcán de nuevo, que con la oscuridad de la noche, ya solo es como un cigarrillo encendido en medio de la inmensidad, suspendido en la mitad del cielo, que esta vez no es estrellado. Se me acerca Crhistian. No tiene máquina, ni comida, pero habla la mezcla de español, francés, ingles....que entiendo. Siempre viajo por América con una funda llena de mandarinas: me proporcionan agua, fructosa, vitaminas, y fibra ..para sobrevivir sin infecciones. Mis amigos se ríen de mi, cuando me ven partir de esa guisa, pero mi amigo suizo esa noche no. Sólo me lo agradeció, y me condujo a la habitación del hotel de un amigo. Su guía, se había ido con un grupo más, a ver de cerca el volcán. Se duchó, y se fue. Después me escribió
“soy christian, el suizo que encontraste en Baños, cuando el volcán estuvo erupcionando... que pena que no nos vimos más antes que te fuiste... la verdad es que encontré unos amigos y nos quedamos chupando hasta la madrugada y a las once más o menos regresé al hostal y encontré al voluntario, el holandés del cual te estaba hablando... más tarde cogí el bus a Riobamba ( una otra ruta muy bonita) y regresé a Guayaquil...”
Pero yo esa noche, entre temblores de las ventanas y 4 explosiones más, dos a la 4 y dos a las seis, las más fuertes, me preocupó de sobremanera su destino. Se lo he perdonado.
¿Dormí? Vestida, entre los sonidos de la esescobas que barrían la ceniza de la calzada, la policía repartiendo pasquines de cómo protegerse de los piroclastos, y de la ceniza hasta que después de la última explosión, salí a la calle. No podía más.
Un grupo de hombres se dirigían, aún de noche, agrupados, en silencio con sus pertenencias. Me uní, y también en silencio, subí a un autobús. Tampoco nadie me preguntó nada. Eran las 7 de la mañana. Evacuaban los empleados de la “fábrica” y a sus familias. No sé aún que fábrica, pero en el trayecto hacia Ambato, la gente no miraba al Tungurahua, veían el río negro por la ceniza, y se lamentaban de la pérdida de sus animales y cosechas
-El ejército las recogerá....
-!Bah¡. Recuerda la otra vez, se lo robaron todo. Algunos asienten. La prensa en días posteriores alabó la labor del ejercito que devolvió el ganado salvado a los campesinos
En Pilileo las ambulancias rompen el silencio de la mañana, pero, el ejército nos ha dejado pasar. El presidente Palacio iba a venir a las 7 en avión, pero se demorará, dice la radio, Mientras, La Minga se organiza. La solidaridad de las tribus autóctonas son las que están salvando la situación.
Una vez que llegué a Quito, decidí ir a Ibarra. Ciudad colonial y hermosa del norte de Ecuador, cerca ya de Tulcán, frontera con Colombia. Llegué hasta San Gabriel. En Cotacachi, al lado de otro volcán y su lago, descansé al fin el alma.

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